En buena parte del Bronx, una web que solo existe en inglés le habla a una parte del barrio y deja fuera al resto. Casi todos los dueños de negocio de aquí lo saben. Lo que no es tan evidente es qué implica una web bilingüe de verdad, y por qué la versión barata suele empeorar las cosas.
El traductor automático no es una web bilingüe
Ya has visto ese desplegable que traduce la página sola. Es gratis, se pone en cinco minutos, y es la herramienta equivocada para un negocio.
Tres razones:
Traduce mal justo donde más importa. Los nombres de tus platos, de tus servicios, tu lema. La traducción automática es buena con prosa corriente y mala de forma consistente con las palabras concretas sobre las que está construido un negocio. Un plato que en el otro idioma se lee como algo raro es peor que dejarlo en el original.
Google no lo indexa. La traducción ocurre en el navegador del visitante después de que carga la página. No hay ninguna página en español que Google pueda encontrar, así que no ganas nada en búsquedas. Si parte de tu motivo para ser bilingüe es que te encuentre quien busca en español, un traductor automático no hace absolutamente nada por eso.
Se nota lo que es. Los clientes reconocen una página autotraducida, y lo que comunica es que hiciste lo mínimo.
Qué significa una web bilingüe de verdad
Dos cosas, y la segunda es la que se le escapa a casi todos.
Cada idioma tiene su propia dirección. Tu página en inglés vive en una URL y la de español en otra. Las dos son páginas reales que existen en el sitio, que Google puede rastrear, y a las que alguien puede enlazar directamente.
Las dos se declaran como versiones una de la otra. Hay un trozo pequeño de código que le dice a los buscadores “esta página y aquella son el mismo contenido en dos idiomas”. Sin eso, tus dos versiones pueden acabar compitiendo entre ellas en vez de apoyarse, que es un problema que te haces solo y que nadie nota hasta meses después.
Ese es todo el núcleo técnico. El resto es trabajo de contenido.
Traducir es la mitad fácil. Adaptar es la otra.
El error es tratar el segundo idioma como una copia del primero.
Algunas cosas se traducen directo: tu horario, tu dirección, tu lista de servicios. Otras no deberían.
Lo que la gente busca es distinto. Alguien buscando ayuda con impuestos en inglés y alguien buscando el mismo servicio en español no escriben frases equivalentes. Si traduces tu página inglesa palabra por palabra, te queda una página en español optimizada para cómo se busca en inglés, que no le llega a nadie. Cada versión debería escribirse alrededor de lo que la gente escribe de verdad en ese idioma.
El tono es distinto. El grado de formalidad, cómo de directo te diriges a quien lee, cuánta calidez se espera. Una traducción técnicamente correcta puede caer mal igualmente.
A veces la oferta es distinta. Si una parte de tu clientela pregunta sobre todo por un servicio, ese servicio merece más espacio en su idioma.
Por eso nosotros no traducimos nuestras propias páginas y ya. Cada versión está escrita para funcionar en su idioma, lo que a veces significa que las dos dicen cosas ligeramente distintas y en otro orden. Eso es correcto, no descuido.
Qué idioma debería ir por defecto
Conviene pensarlo en vez de darlo por hecho.
El idioma por defecto es lo que ve alguien que llega sin elegir. Casi todos los negocios ponen inglés porque parece la opción institucional segura. Pero si el setenta por ciento de tus clientes está más cómodo en español, poner inglés por defecto obliga al setenta por ciento de tus visitantes a hacer un trabajo antes de poder leerte.
Mira quién entra por tu puerta de verdad. Y después decide. No hay ninguna regla que diga que el inglés tiene que ir primero.
En cualquier caso, haz que el cambio de idioma sea visible y obvio, arriba y bien etiquetado. Una banderita escondida en el pie no cuenta. Y cuando alguien cambia de idioma, debería quedarse en la página que estaba leyendo, no aterrizar en la portada. Ese último detalle está roto en una cantidad sorprendente de webs bilingües.
Cuánto cuesta, sin adornos
Alrededor de un tercio más que una web de un solo idioma, no el doble. La maqueta, el diseño y el desarrollo se hacen una vez. Lo que se duplica es la escritura y el mantenimiento.
El mantenimiento es la parte que hay que pensar bien. Cada vez que cambias un precio, un servicio o un horario, lo cambias dos veces. Una web bilingüe al día en inglés y ocho meses vieja en español es peor que una web solo en inglés, porque le dice a tus clientes hispanohablantes que ellos son la versión que se actualiza después.
Antes de comprometerte, pregúntate honestamente si las dos versiones se van a mantener. Si la respuesta es no, un idioma bien mantenido le gana a dos a medias.
Cuándo no la necesitas
- Si todos tus clientes se manejan cómodos en un idioma. Los hay. Añadir un segundo idioma por aparentar es costo sin retorno.
- Si no puedes mantener los dos. Ver arriba.
- Si tu negocio es todo teléfono y presencial, y la web solo está para acreditar que existes. Un idioma y un teléfono claro pueden ser todo lo que hace falta.
Qué te da cuando está bien hecha
Quien lee en el idioma en el que piensa lee más, entiende más y convierte mejor. Para cualquier cosa que implique confianza, y ahí entran los servicios legales, médicos, financieros y de inmigración, esto no es un detalle bonito. Alguien decidiendo si te entrega un problema serio quiere estar seguro de que entendió todo.
Y en búsquedas, pasas a competir por las consultas en español de tu categoría, donde la competencia suele ser mucho más floja que en inglés. Esa es a menudo la ventaja más fácil que tiene disponible un negocio local aquí, y casi ninguno la toma.
Qué hacemos nosotros
Todas las webs que hacemos pueden ser en inglés y español, con páginas separadas de verdad, declaradas como corresponde a los buscadores y escritas para funcionar en cada idioma en vez de traducidas de un lado al otro. Va incluido en el plan de cuatro páginas, 800 dólares, de pago único, por el desarrollo.
Este sitio está hecho así, y varios de los que están en nuestro portafolio también, incluidos un menú de restaurante y una serie documental. Ábrelos, cambia de idioma y comprueba si aguanta.
Si quieres hablar de qué idiomas necesita de verdad tu negocio, cuéntanos quiénes son tus clientes y te damos una respuesta directa.